miércoles 11 de noviembre de 2009

La aterradora parábola del sembrador



La historia de un labriego torpe e ignorante, que a pesar de tener las más bellas semillas no las sabía cultivar y aún así esperaba ver un gran fruto. Quizás sea lo que a Colombia le pasa con sus niños.

Este sembrador tenía en sus manos las más hermosas semillas del mundo, y sus tierras eran extensas y ricas en nutrientes como ninguna otra. Pero su ignorancia – que era irracional a lo sumo- hacia que dejara abandonadas las semillas al sol y la lluvia, casi hasta que se echaban a podrir.

Luego al plantarlas continuaba con todo tipo de descuidos. No regaba con regularidad y permitía que la maleza creciera junto a sus retoños. Sin embargo, lo peor era que permitía que los cerdos manosearan, hozaran y hasta acabaran con sus indefensos brotes.

Su estupidez quedaba en evidencia a la hora de la cosecha, Cuando recogía los frutos, muchos de ellos estaban dañados, raquíticos y maltratados – ¿Cómo iba a ser diferente?- Entonces se echaba a renegar, maldecía por el estado de sus frutos y empezaba a achacarle la culpa a todo el mundo pero sin reconocer su propia falta.

El muy torpe esperaba que a pesar de su irresponsabilidad y falta de compromiso, sus frutos fueran perfectos, sin mancha. Abundantes y rentables para mejorar su futuro.

De igual forma, Colombia tiene un extenso territorio, rico para sembrar, cultivar y ayudar a crecer a su niñez. Sin embargo, la ha dejado casi abandonada y a su suerte. Permitimos que a nuestros retoños se les explote, se les abuse, que en muchas partes no tengan lo mínimo para vivir como es el alimento o lo mínimo para crecer, su educación.

Los hemos entregado para que el sol y la lluvia les pegue de frente y crezcan como puedan, lo peor, ni siquiera los cuidamos de los cerdos – perdón a tan útil animal- que los manosean, abusan de su inocencia y hasta acaban con su preciosa vida.

Después nos entregamos a las lamentaciones, al dolor y a la indignidad, todos estos sentimientos pasajeros porque de fondo no cambian nada. Y evadiendo nuestra responsabilidad decimos que la sociedad, la tecnología y hasta la televisión han corrompido a las nuevas generaciones, las que esperamos puras y sin mancha a pesar del descuido en su crecimiento.

Somos tan insensatos como el sembrador aquél. Seguimos esperando un gran fruto, cuando no hemos hecho nada para que nuestras semillas por lo menos crezcan en paz.

¿Hasta cuando el dolor que nos causa ver las atrocidades que le pasan a nuestros niños se materializara en educación y leyes para que no sigan sucediendo?

2 Comentários:

Gaviota dijo...

Muy bueno. Felicitaciones. Evidencia la ineptitud de nuestra sociedad para desarrollarse como tal. Tampoco podemos culpar a nuestros gobiernos totalmente. Finalmente, son compuestos por esas mismas personas que han 'crecido' en una sociedad así.

Sófía dijo...

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