LAS ENTRELINEAS DEL CLASICO BOGOTANO
Sábado 26 de octubre, cinco de la tarde. A una hora de comenzar una edición más del clásico fútbolistico entre Millonarios y Santa Fe, uno de los más importantes del país, el ambiente en los alrededores del estadio es de fiesta. El lugar esta lleno de color y sonido, no se puede precisar exactamente porque pero este evento tan contemporáneo conserva ese toque
a feria, como la de nuestros pueblos. Probablemente es por los vendedores ambulantes que no faltan, por el suculento plato de fritanga que se consigue al lado o por esa cara de esperanza con la que caminan todos los que van al estadio. Es todo un carnaval que tiene lo mejor de ser colombianos y hasta latinoamericanos.

Este colorido y hermoso coctel, guarda debajo de esa dulce sensación un turbulento sorbo que nadie quiere probar. Es comprensible, tener miles de colombianos divididos en dos bandos, con su comprobada intolerancia, vigilados por un grupo de policías poco amables, todo esto amenizado con el desorden propio de los eventos realizados en nuestro territorio... de ahí que en el aire se sienta esa tensión fastidiosa que a los visitantes novatos asusta y que a los menos racionales emociona.
Adentro la vista es hermosa, "el coloso de la 57" se pinta de azul y rojo, y como siempre debería ser deja ver familias enteras unidas por el espectáculo del fútbol, el show de las tribunas populares es inédito, una verdadera fiesta, aunque todos sabemos que son justo allí donde se maquinan los ataques salvajes que caracterizan lamentablemente estos eventos, sería difícil pensar en un partido sin su aliento constante, sus rimbombamtes bienvenidas a los equipos llenas de miles de papeles , humo ,trapos, etc.
Cada cual vive el clásico a su manera: sentado, parado, saltando, comiéndose las uñas, o un palito de queso de los de $2000. Algunos otros fuman, comentan las jugadas, observan las mujeres hermosas y no falta el que le de por ir al baño. Eso sí, todos mientras sigue el marcador 0-0 conservan en la cara el brillo de las esperanza. Después el grito de gol que proviene de la mancha roja sacude el estadio, en los azules aparece igual de rápido la desaparición, no puede ser disimulada por ello casi siempre es expulsada con groserías y alguna otra distracción.
La oportunidad del empate llega y en este caso por medio de un tiro penal, la jugada con mas santos en todo el fútbol: muchos sacan la tarjeta de la virgen, otros besan la medallita del santo de su devoción, algunos se persignan sin cesar, y los más desesperados empiezan a prometer salidas familiares a los santuarios cercanos a la ciudad. Al parecer los santos estaban pendientes, porque el gol llega después del cobro. Ahora los azules son los que gritan y hasta lloran. Así es el fútbol, una montaña rusa de emociones.
Ni siquiera la lluvia puede mermar el animo de unos y otros. al contrario , pareciese que es un elemento más para la fiesta, la que termina cuando el juez central ( el hombre más puteado de la noche) finaliza el compromiso. Fue un empate que todos celebran, nadie quiere perder el clásico, nadie tendrá que aguantar la cantaleta de sus compañeros de oficina o de estudio por haber perdido, por el contrario, como se ha vuelto costumbre en nuestro torneo, se hablara de las malas decisiones arbitrales, eso es mucho mejor.
La salida, ya sin tanta fiesta pero aun con la tensión sórdida de la entrada, deja ver ríos de especialistas deportivos llenos de argumentos que sustentan el porque del resultado y de la no victoria del equipo de sus amores. Sin incidentes que lamentar y siendo las 8 de la noche, embajadores y cardenales se van con una pequeña sonrisa y yo con una imagen de un carnaval que muestra lo mas propio de nosotros, donde muchos podemos estar sin importar de donde venimos, lo que tenemos o lo que somos.
También me dejo una conclución
Que importante sería rescatar la seguridad en estos eventos para que de esta fiesta pudieran participar más personas y por sobre todo más familias.
Fútbol Millonarios Santafe Convivencia
a feria, como la de nuestros pueblos. Probablemente es por los vendedores ambulantes que no faltan, por el suculento plato de fritanga que se consigue al lado o por esa cara de esperanza con la que caminan todos los que van al estadio. Es todo un carnaval que tiene lo mejor de ser colombianos y hasta latinoamericanos.
Este colorido y hermoso coctel, guarda debajo de esa dulce sensación un turbulento sorbo que nadie quiere probar. Es comprensible, tener miles de colombianos divididos en dos bandos, con su comprobada intolerancia, vigilados por un grupo de policías poco amables, todo esto amenizado con el desorden propio de los eventos realizados en nuestro territorio... de ahí que en el aire se sienta esa tensión fastidiosa que a los visitantes novatos asusta y que a los menos racionales emociona.
Adentro la vista es hermosa, "el coloso de la 57" se pinta de azul y rojo, y como siempre debería ser deja ver familias enteras unidas por el espectáculo del fútbol, el show de las tribunas populares es inédito, una verdadera fiesta, aunque todos sabemos que son justo allí donde se maquinan los ataques salvajes que caracterizan lamentablemente estos eventos, sería difícil pensar en un partido sin su aliento constante, sus rimbombamtes bienvenidas a los equipos llenas de miles de papeles , humo ,trapos, etc.
Cada cual vive el clásico a su manera: sentado, parado, saltando, comiéndose las uñas, o un palito de queso de los de $2000. Algunos otros fuman, comentan las jugadas, observan las mujeres hermosas y no falta el que le de por ir al baño. Eso sí, todos mientras sigue el marcador 0-0 conservan en la cara el brillo de las esperanza. Después el grito de gol que proviene de la mancha roja sacude el estadio, en los azules aparece igual de rápido la desaparición, no puede ser disimulada por ello casi siempre es expulsada con groserías y alguna otra distracción.
La oportunidad del empate llega y en este caso por medio de un tiro penal, la jugada con mas santos en todo el fútbol: muchos sacan la tarjeta de la virgen, otros besan la medallita del santo de su devoción, algunos se persignan sin cesar, y los más desesperados empiezan a prometer salidas familiares a los santuarios cercanos a la ciudad. Al parecer los santos estaban pendientes, porque el gol llega después del cobro. Ahora los azules son los que gritan y hasta lloran. Así es el fútbol, una montaña rusa de emociones.
Ni siquiera la lluvia puede mermar el animo de unos y otros. al contrario , pareciese que es un elemento más para la fiesta, la que termina cuando el juez central ( el hombre más puteado de la noche) finaliza el compromiso. Fue un empate que todos celebran, nadie quiere perder el clásico, nadie tendrá que aguantar la cantaleta de sus compañeros de oficina o de estudio por haber perdido, por el contrario, como se ha vuelto costumbre en nuestro torneo, se hablara de las malas decisiones arbitrales, eso es mucho mejor.
La salida, ya sin tanta fiesta pero aun con la tensión sórdida de la entrada, deja ver ríos de especialistas deportivos llenos de argumentos que sustentan el porque del resultado y de la no victoria del equipo de sus amores. Sin incidentes que lamentar y siendo las 8 de la noche, embajadores y cardenales se van con una pequeña sonrisa y yo con una imagen de un carnaval que muestra lo mas propio de nosotros, donde muchos podemos estar sin importar de donde venimos, lo que tenemos o lo que somos.
También me dejo una conclución
Que importante sería rescatar la seguridad en estos eventos para que de esta fiesta pudieran participar más personas y por sobre todo más familias.
Fútbol Millonarios Santafe Convivencia












lo importante seria retornarle esa confianza a las familias y a lo hinchas de santafe a ver si algun dia llenan un poquito el campin, por otro lado la fiesta y el carnaval vividos en la tribuna es incomparable y siempre deja alegria asi el resultado no sea para mi millos de mis amores
Gracias por haberme visitado, vine a conocerte y me encontre con un escrito interesante, en un comienzo pense que solo hablaría de futbol, tema del cual no soy adicta, pero a medida que leía fue descubriendo una faceta distinta de ésta fiesta deportiva y que es bastante particular para nuestra idiosincracia y no pude menos que reflexionar sobre el tema, ya que una diversión sana y familiar que lleva tanto arraigo cultural a veces se vea opacada por hechos violentos e irracionales. Me gusta como escribes así que te seguire la pista espero verte en mi rincon otra vez. Abrazos.
No soy muy fanático del fútbol, pero considero que los estadios son espacios muy importantes para unir a las personas. Es decepcionante ver que esos espacios en lugar de unir estaban haciendo lo contrario con los hinchas, aunque también creo que son consecuencias de la cultura a la que estamos expuestos.
Bien por lo que cuenta en su post, es agradable ver que los bogotanos se estén uniendo en torno al fútbol y no encontrando diferencias entre colores que históricamente se han mostrado como opuestos.
Reciba un saludo futbolístico desde Don Blog Pérez.
Carlos, gracia por la visita, y muy especialmete por darme la oportunidad de lerte.
Me encanta tu blog.
En cuanto a tu post.Ojala se rescate el verdadero espiritu deportivo, donde los rivales, solo sean orgullosos rivales deportivos por un momento, y los juegos sean un buen disfrute, dentro de la hermandad, que debe surguir, del disfrute de un mismo deporte.
Mi hijo es un fanatico del deporte.
Te felicito
Un abrazo Gizz
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